Cuando organizamos una celebración, hay muchas cosas que debemos preparar y la comida suele ocupar una parte importante de nuestras preocupaciones. No es lo mismo organizar un cumpleaños con veinte personas que una boda, una reunión de empresa o una celebración familiar con invitados de edades muy diferentes. Además de pensar en qué platos nos gustan, tenemos que calcular cantidades, intentar que exista suficiente variedad y tener en cuenta que no todo el mundo come lo mismo. Precisamente por eso, elegir un menú para un evento requiere algo más de planificación de lo que puede parecer inicialmente.
Un menú variado tampoco significa colocar sobre la mesa una cantidad enorme de platos diferentes. Podemos conseguir variedad combinando sabores, temperaturas, texturas y tipos de alimentos sin terminar con una mesa llena de comida que nadie pueda terminar. De hecho, cuando tenemos muchos invitados, suele resultar más práctico ofrecer una selección bien pensada que intentar satisfacer todos los gustos mediante decenas de opciones. La clave está en encontrar un equilibrio que permita que cada persona encuentre varias cosas que le apetezcan.
Uno de los mayores errores cuando preparamos comida para muchas personas es pensar exclusivamente en nuestros propios gustos. Aquello que nos encanta puede no resultar atractivo para todos los invitados y por eso conviene ampliar un poco la mirada. Combinar propuestas conocidas con otras algo diferentes, ofrecer alternativas y pensar previamente en quiénes acudirán al evento puede ayudarnos a construir un menú mucho más completo sin necesidad de complicarlo excesivamente.
Antes de elegir los platos, tenemos que pensar en el tipo de evento.
El menú debería adaptarse a la celebración y no al contrario. Una reunión informal entre amigos puede funcionar perfectamente con pequeños bocados que podamos comer de pie, mientras que una comida familiar larga quizá invite a plantear platos algo más completos. En un evento de empresa puede interesarnos especialmente que los alimentos sean cómodos de servir y consumir para que los asistentes puedan continuar conversando. Antes de empezar a escoger recetas, deberíamos preguntarnos qué tipo de ambiente queremos crear y cómo esperamos que se desarrolle la celebración.
El horario también influye bastante. Un desayuno profesional no necesita la misma cantidad ni el mismo tipo de alimentos que una comida, una merienda o una cena. Incluso dentro de un cóctel podemos plantear propuestas más ligeras cuando el evento se celebra a media mañana y opciones más completas cuando sustituirá a una comida principal. Pensar en la hora nos ayuda a calcular mejor qué esperan encontrarse los invitados y evita que preparemos un menú demasiado abundante o, por el contrario, insuficiente.
También debemos considerar cuánto durará el evento. Si nuestros invitados permanecerán varias horas, puede ser interesante distribuir la comida progresivamente en lugar de ofrecerla toda de golpe. Podemos empezar con aperitivos, continuar con bocados algo más consistentes y reservar una parte dulce para el final. De esta manera, la comida acompaña el desarrollo de la celebración y podemos conseguir que el servicio resulte más ordenado, especialmente cuando tenemos un número considerable de asistentes.
La variedad no consiste simplemente en ofrecer muchos platos.
Cuando escuchamos la expresión «menú variado», podemos imaginar inmediatamente una mesa llena de opciones, pero la variedad debería entenderse de una forma más amplia. Podemos conseguirla combinando alimentos fríos y calientes, propuestas vegetales, carnes, pescados, diferentes tipos de pan, pequeños aperitivos y postres. También podemos jugar con sabores suaves e intensos para evitar que absolutamente todo resulte parecido. Lo importante es que los platos se complementen y no que exista una cantidad enorme de ellos.
Las texturas también pueden ayudarnos. Si prácticamente todo lo que servimos está elaborado con masas, pan o frituras, es posible que el menú termine resultando pesado, aunque cada elaboración sea diferente. Podemos alternar esos alimentos con verduras, ensaladas en pequeños formatos, brochetas, cremas frías o productos frescos. Lo mismo ocurre con los sabores. Si todos los platos son especialmente intensos o especiados, nuestros invitados pueden terminar cansándose antes de llegar al final.
La variedad también tiene una ventaja muy práctica y es que aumenta las posibilidades de que cada invitado encuentre algo que le guste. En un evento con muchas personas, es prácticamente imposible conocer todas sus preferencias, por lo que ofrecer opciones diferentes nos proporciona cierto margen. No necesitamos diseñar un plato específico para cada persona, pero sí podemos evitar construir un menú excesivamente limitado en el que prácticamente todos los alimentos pertenezcan al mismo tipo de cocina o compartan ingredientes muy parecidos.
Los pequeños bocados nos permiten combinar propuestas diferentes.
El formato cóctel resulta especialmente interesante cuando buscamos variedad porque nos permite servir pequeñas cantidades de elaboraciones distintas. Podemos incluir brochetas, tartaletas, pequeños bocadillos, tortillas, quesos, verduras, carnes y otras preparaciones sin necesidad de convertir cada opción en un plato completo. Además, este formato facilita que cada invitado pruebe diferentes cosas y decida cuáles le apetecen más a medida que avanza la celebración.
Se recuerda desde La Frolita que en los servicios de catering para celebraciones pueden combinarse propuestas frías y calientes, pequeños bocados, quesos, productos ibéricos, brochetas, minihamburguesas y elaboraciones dulces, además de contemplar alternativas para determinadas necesidades alimentarias. Esta variedad nos ayuda a entender que un menú de catering no tiene por qué construirse alrededor de un único plato principal, sino que podemos distribuir diferentes sabores y formatos durante el evento para que los invitados tengan distintas posibilidades entre las que escoger.
Este tipo de servicio también cambia nuestra manera de calcular la comida. Cuando ofrecemos pequeños bocados, debemos pensar en el conjunto y no únicamente en cuántas variedades diferentes tendremos. Un menú puede parecer muy amplio porque incluye diez elaboraciones, pero debemos comprobar cuántas unidades corresponden aproximadamente a cada persona y si el conjunto será suficiente teniendo en cuenta la duración y el horario del evento. La cantidad debe analizarse junto con la variedad para evitar quedarnos cortos o terminar desperdiciando demasiada comida.
Un menú equilibrado necesita diferentes sabores, texturas y temperaturas.
Construir un menú equilibrado es parecido a montar un pequeño recorrido. Si empezamos directamente con los alimentos más pesados y dejamos después opciones mucho más ligeras, quizá el conjunto no funcione tan bien. Podemos comenzar con bocados frescos, continuar incorporando preparaciones algo más intensas y terminar con pequeñas opciones dulces. No necesitamos seguir siempre este orden de manera estricta, pero pensar en cómo se sucederán los platos puede ayudarnos bastante.
Cuando estemos preparando nuestra selección, podemos fijarnos en algunos aspectos básicos que nos ayudarán a conseguir un menú más completo. Podemos combinar opciones frías y calientes, incluir algunos bocados vegetales y alternar preparaciones ligeras con otras más contundentes. También resulta interesante introducir diferentes texturas y evitar que todos los platos compartan los mismos ingredientes principales. Para completar la propuesta, podemos reservar algunas opciones dulces para el final y pensar en las bebidas que acompañarán la comida durante las diferentes partes de la celebración.
Estas cuestiones parecen bastante sencillas, pero juntas pueden cambiar completamente la experiencia. Imaginemos que ofrecemos únicamente empanadas, croquetas, pequeños bocadillos y hojaldres. Probablemente tendremos varios sabores diferentes, aunque la sensación general puede resultar bastante parecida porque muchas de las preparaciones comparten determinadas características. Si añadimos alguna brocheta vegetal, un pequeño plato fresco o una elaboración diferente, conseguiremos romper esa repetición y hacer que el menú resulte más entretenido.
Las necesidades alimentarias de los invitados deberían conocerse con antelación.
Uno de los aspectos que más atención merece cuando organizamos un evento son las alergias e intolerancias alimentarias. No estamos hablando simplemente de que alguien prefiera un alimento sobre otro. Una alergia puede provocar reacciones importantes y por eso debemos conocer esta información antes de cerrar el menú. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recuerda que existen alimentos y componentes capaces de provocar reacciones adversas y que la información sobre determinados alérgenos debe facilitarse a los consumidores.
Además de las alergias, podemos encontrarnos con personas vegetarianas, veganas o con otras necesidades y preferencias alimentarias. Cuando el número de invitados no es demasiado grande, podemos preguntar directamente antes del evento. Si organizamos una celebración mayor, puede resultar útil incluir esta cuestión en la confirmación de asistencia. Saberlo previamente nos permitirá organizar las cantidades y evitar improvisaciones cuando la comida ya está preparada.
También es importante que exista una forma clara de identificar las diferentes opciones. Si hemos preparado una alternativa específica para una persona con determinadas necesidades, debemos evitar que termine mezclada con el resto sin ninguna indicación. En eventos grandes puede ser útil disponer de información sobre los ingredientes o contar con alguien que pueda resolver las dudas de los asistentes. Una buena planificación no consiste únicamente en ofrecer muchas cosas, sino en conseguir que cada persona sepa qué puede comer con tranquilidad.
Calcular las cantidades es tan importante como elegir correctamente el menú.
Esta es probablemente una de las partes que más dudas genera. A nadie le gusta imaginar que la comida pueda terminarse cuando todavía quedan invitados, pero tampoco tiene sentido preparar cantidades enormes que terminarán en la basura. Para calcular correctamente debemos considerar el número de asistentes, la duración del evento, el horario y el tipo de comida que estamos ofreciendo. No existe una cantidad universal que funcione exactamente igual en todas las celebraciones.
También influye la composición del menú. Si tenemos numerosos aperitivos muy pequeños necesitaremos una cantidad diferente que si servimos bocados más contundentes. Además, no todas las elaboraciones se consumen por igual. Normalmente habrá algunas opciones especialmente populares y otras que tendrán menos salida. Podemos tenerlo en cuenta al repartir las cantidades y preparar más unidades de aquellas propuestas que previsiblemente funcionarán como base del menú.
Aquí es donde más se nota la importancia de planificar antes de comprar o encargar. Cuando calculamos a última hora solemos hacerlo pensando únicamente en que no falte comida y podemos terminar aumentando todas las cantidades sin demasiado criterio. Resulta mucho más útil analizar el menú completo y pensar qué papel tendrá cada elaboración. Así podemos ser generosos sin convertir el miedo a quedarnos cortos en una cantidad desproporcionada de comida.
Las bebidas también forman parte del equilibrio del menú
Podemos dedicar muchísimo tiempo a escoger la comida y olvidarnos casi por completo de las bebidas. Sin embargo, también deberíamos calcularlas en función de la duración del evento, la época del año y el perfil de nuestros invitados. El agua debería estar disponible con facilidad durante toda la celebración y podemos acompañarla con refrescos, bebidas sin alcohol y otras opciones dependiendo del tipo de encuentro.
La temperatura exterior merece especial atención. En una celebración durante los meses más calurosos probablemente aumentará el consumo de agua y otras bebidas refrescantes, mientras que en determinadas reuniones durante el invierno pueden tener sentido el café, el té o las infusiones al final. También debemos pensar en quienes no consumen alcohol. Ofrecerles algo más que agua permite que tengan alternativas y evita que una parte de los asistentes encuentre una selección mucho más limitada que los demás.
Las bebidas pueden acompañar además el ritmo de la comida. No necesitamos ofrecer absolutamente todas las opciones desde el primer momento. Podemos organizar una bienvenida, mantener determinadas bebidas durante el servicio y terminar con café o infusiones cuando encajen con el tipo de evento. De nuevo, no existe una fórmula única. Una celebración familiar informal tendrá unas necesidades diferentes a las de una reunión profesional, por lo que debemos adaptar el servicio al contexto.
Un buen catering debería permitirnos disfrutar también del evento
Cuando somos anfitriones es muy fácil pasar toda la celebración pendientes de si queda comida, si alguien necesita una bebida o si tenemos que sacar la siguiente bandeja. Si terminamos entrando y saliendo constantemente de la cocina quizá consigamos que nuestros invitados estén perfectamente atendidos, pero nosotros apenas habremos disfrutado del encuentro. La organización previa debería servir precisamente para reducir estas preocupaciones.
Podemos dejar preparadas las diferentes fases del servicio, decidir dónde colocaremos las bebidas, reservar un espacio para los platos y vasos utilizados y calcular aproximadamente cuándo sacaremos cada elaboración. Si contamos con profesionales que se encargan del servicio, también conviene explicar previamente cómo queremos que se desarrolle el evento. Cuantas menos decisiones tengamos que improvisar durante la celebración, más sencillo será todo.
Conseguir un menú variado y equilibrado no consiste en impresionar a nuestros invitados con una cantidad interminable de comida. Se trata de ofrecer suficientes alternativas, calcular bien las cantidades, tener presentes las necesidades alimentarias y conseguir que los diferentes sabores funcionen juntos. Cuando todo está bien organizado, la comida deja de convertirse en una preocupación y pasa a formar parte de aquello que hace agradable la celebración. Y probablemente esa sea la mejor señal de que hemos acertado con nuestro catering.

