Nuestro país hace gala de tener muchas empresas familiares. Este tipo de empresas suele construir su ventaja competitiva sobre décadas de conocimiento y experiencia acumulados, relaciones comerciales longevas, sólidas y de confianza y una cultura empresarial vinculada al fundador. Llegado el momento de la sucesión, inevitable en toda empresa, el desafío no se queda en el nombramiento de un nuevo director general. Es imprescindible preservar el conocimiento crítico, mantener la estabilidad operativa y preparar a la empresa para una nueva etapa.
La experiencia deja claros los riesgos que se pueden producir durante este proceso tan significativo: la pérdida del talento directivo, los retrasos en la toma de decisiones, la incertidumbre entre los clientes y los proveedores, conflictos entre expectativas familiares y necesidades empresariales y dificultades para la ejecución de proyectos de crecimiento y transformación. Todas ellas son razones que han llevado a cada vez más empresas a recurrir a las soluciones que proporciona el interim management a la hora de gestionar todo el proceso con una visión profesional y claramente orientada a los resultados.
El papel de estos profesionales en la sucesión empresarial es asumir de forma temporal la responsabilidad ejecutiva con unos objetivos claramente definidos y con una autoridad real para poder actuar en todo momento. A diferencia de lo que hace un consultor, el interim manager puede aportar estabilidad a la empresa, precisamente en el momento en que la organización más lo necesita.
Su función no es la de sustituir de forma permanente al sucesor o reemplazar a la familia propietaria de la empresa. Se trata de facilitar una transición ordenada, profesional y en línea con los objetivos a largo plazo de la empresa. Las empresas familiares representan uno de los modelos más sólidos y resilientes del tejido empresarial, cuya fortaleza reside en la confianza, la visión a largo plazo y una cultura construida durante generaciones, por lo que la transición debe realizarse siempre de manera óptima.
Cuando el interim es más relevante
El tejido empresarial se crea sobre las empresas familiares que generan casi un setenta por ciento del empleo privado. Un tercio de los propietarios alcanzará la edad de jubilación en los próximos años, lo que supone un fenómeno de gran magnitud a nivel estructural que requiere la colaboración con expertos como nos han explicado en AMG Interim Managers, donde ofrecen una fuente de talento directivo frente al desabastecimiento de directivos cualificados en el mercado laboral actual en el que se incluyen las empresas familiares. No se trata de una crisis sectorial o un ciclo puntual. Se trata de una transformación generacional que va a afectar a un gran número de negocios con su propia historia, empleados y comunidades.
El problema no es la falta de sucesores, sino que la sucesión exige de forma simultánea un cambio de liderazgo, una reconfiguración de la cultura, una renegociación con los equipos y, en muchos casos, la modernización del modelo de negocio. Los errores en esta transición pueden destruir en cuestión de meses lo que ha tardado décadas en levantarse. Este tipo de transición se puede gestionar de forma profesional, ordenada y con un riesgo controlado. En países como Alemania o Francia, la sucesión familiar se opera de la mano de interim managers desde hace años, aunque en nuestro país llevamos un retraso al respecto, debido a la confusión que existe en el concepto.
Un interim manager no es un consultor. El consultor analiza, recomienda y entrega un informe; el interim manager entra en la empresa, asume la autoridad ejecutiva real y ejecuta. Es una distinción relevante, sobre todo dentro del contexto familiar, en el que las empresas suelen acumular experiencias con consultores que crearon documentos sin realizar cambios.
El interim manager tampoco es una figura de alta dirección temporal en el sentido de las ETT ejecutivas. Son profesionales seniors independientes que cuentan con un historial contrastado en posiciones de dirección y aceptan el mandato con unos objetivos previamente definidos, unos plazos acordados y unas métricas de éxito establecidas desde el primer momento. Su total independencia con la empresa y, en este caso, con la familia propietaria, es parte del valor, ya que no dispone de agenda política interna ni tiene aspiraciones de permanencia. Esto permite que actúen con la necesaria claridad y objetividad de la que carecen los que llevan años en el sistema.
En un proceso de sucesión, estos profesionales pueden cubrir cualquier puesto de alta dirección durante el periodo de transición, que suele tener una duración media de ocho meses. En el contexto familiar en el que el componente de transferencia de conocimiento y cultura es mayor, el tiempo se extiende hasta los nueve o doce meses.
De manera que la intervención del interim manager aporta más valor en determinadas situaciones, como aquellas en las que el suceso todavía necesita preparación para asumir el mando. Es frecuente que exista una persona para asumir el liderazgo y todavía necesite adquirir experiencia adicional. En estos casos, el interim permite mantener la comunidad operativa mientras se desarrolla el proceso de preparación y transferencia de conocimiento.
Cuando se produce una jubilación anticipada, un problema de salud o cualquier circunstancia imprevista y la salida del fundador es inesperada, la figura del interim manager es una excelente opción ya que puede incorporarse con rapidez y garantizar la estabilidad de la empresa, proporcionando el tiempo necesario para la toma de decisiones estratégicas necesarias sin presión.
Son muchas las compañías familiares que alcanzan un tamaño en el que los sistemas de gestión tradicionales no son suficientes y contar con un interim puede ayudar a implantar procesos, estructuras de gobierno y mecanismos de control que faciliten la transición.
Puede darse la situación de que el sucesor haya asumido la dirección, pero la incorporación de un interim en áreas como operaciones, ventas, finanzas o transformación ayuda a consolidar el liderazgo. Así como en aquellas situaciones en las que la empresa prepara una operación corporativa, con procesos de inversión, adquisición o venta, la participación de un interim aporta la experiencia y capacidad de ejecución necesarias.
El interim manager y las otras alternativas
Son muchas las empresas y organizaciones que inicialmente recurren a las consultoras, a un proceso de selección o al asesoramiento jurídico. Estos recursos pueden resultar valiosos e interesantes, pero lo cierto es que sus funciones son otras.
La consultoría aporta un análisis y recomendaciones. La selección identifica a los candidatos permanentes. Los asesores legales ayudan a que se estructuren correctamente los aspectos jurídicos y patrimoniales.
El interim manager hace algo muy diferente: proporciona liderazgo ejecutivo inmediato durante la transición que va a pasar la empresa. En definitiva, lo que hace es complementar a las otras partes actoras, aportando la capacidad necesaria para ejecutar las decisiones y gestionar el día a día de la organización.
Las empresas familiares más avanzadas no contemplan en la actualidad la sucesión como un riesgo a minimizar, sino como una oportunidad para que la empresa se fortalezca. Un proyecto de interim management bien diseñado puede servir para que la estructura directiva se profesionalice, se modernicen los procesos, se implanten sistemas de gestión más robustos, se prepare a la generación siguiente para el liderazgo, se incremente la capacidad de crecimiento y se refuerce la competitividad de la empresa.
En este aspecto, ejercen como catalizadores del cambio y ayudan a la organización a llegar al final de la transición en una posición más sólida. Uno de los errores más comunes en los procesos de sucesión es esperar más tiempo del necesario para planificar el proceso de transición. Cuando las decisiones se toman bajo presión, las opciones disponibles se reducen y los riesgos aumentan, siendo la figura del interim la que ofrece la posibilidad de abordar el relevo con anticipación, orden y visión estratégica. La experiencia en los mercados más desarrollados, como las citadas Francia y Alemania, demuestra que incorporar a uno de estos profesionales durante la transición protege el valor empresarial, facilita el consenso entre las partes implicadas y acelera el proceso de preparación de la generación siguiente.
La continuidad de las empresas familiares depende tanto de las decisiones que se toman a lo largo del crecimiento de la empresa como de las decisiones que se adoptan mientras se produce el relevo generacional. El éxito de las sucesiones familiares en las empresas no depende de una sola persona o de una sola decisión; es resultado de la combinación de planificación, liderazgo y ejecución. De ahí que sean cada vez más las empresas familiares que incorporan las soluciones que aporta un interim manager a la hora de gestionar el proceso de cambio con mayor seguridad.
La presencia de estos profesionales experimentados permite a las empresas afrontar la transición desde la estabilidad, preservando el legado familiar construido a lo largo de tantos años y creando unas condiciones apropiadas para que la etapa que sigue sea de crecimiento y se produzca sobre unas bases sólidas.
En definitiva, el interim manager no es un parche que se utiliza cuando hace falta, porque algo falla; es una herramienta de precisión de gran utilidad cuando se quiere que las cosas salgan como es debido desde el primer momento. Un relevo generacional bien gestionado es la oportunidad para modernizar la empresa, profesionalizar su dirección y posicionarla con solidez.

