Elegir la malla metálica adecuada para cerrar una finca o parcela

Cerrar una finca o una parcela puede parecer un trabajo bastante sencillo hasta que empezamos a buscar los materiales que necesitamos. Es entonces cuando descubrimos que existen diferentes tipos de mallas, alturas, tamaños de abertura, grosores de alambre, acabados y sistemas de instalación. Lo que en un principio parecía limitarse a comprar unos cuantos metros de malla termina planteándonos bastantes preguntas, especialmente si queremos conseguir un cerramiento que cumpla su función durante mucho tiempo y que se adapte correctamente a las características del terreno.

La primera decisión debería partir siempre del uso que queremos darle al cerramiento. No necesitaremos exactamente la misma solución para delimitar el jardín de una vivienda que para cerrar una finca agrícola, una zona destinada a animales o una instalación industrial. También deberíamos valorar las condiciones ambientales a las que estará expuesta la malla, el nivel de resistencia que necesitamos y el mantenimiento que estamos dispuestos a realizar con el paso de los años. Elegir simplemente la opción más económica puede hacernos ahorrar inicialmente, pero no siempre será la alternativa más adecuada.

Uno de los errores más fáciles de cometer es pensar únicamente en la propia malla. Un cerramiento funciona como un conjunto en el que también intervienen los postes, alambres, tensores, fijaciones y accesos. Podemos comprar una malla resistente y terminar con un resultado poco satisfactorio si el resto de la instalación no está correctamente planteado. Por eso merece la pena dedicar un poco de tiempo a estudiar el terreno y nuestras necesidades antes de comenzar.

Antes de elegir la malla necesitamos saber para qué queremos cerrar el terreno

La pregunta más importante no debería ser qué malla es mejor, sino para qué vamos a utilizarla. Una finca puede necesitar simplemente una delimitación visible que marque sus límites, mientras que en otros casos buscamos impedir el paso de animales, proteger determinadas instalaciones o separar diferentes zonas dentro de una misma propiedad. Cada necesidad puede llevarnos hacia una solución diferente y por eso no existe un único tipo de malla adecuado para cualquier cerramiento. Según informan en Spadico, existen soluciones de mallas y alambres destinadas a cerramientos residenciales, agrícolas e industriales, además de alternativas fabricadas con distintos materiales y acabados. Dentro de estas opciones podemos encontrar mallas electrosoldadas, de triple torsión, inoxidables o plastificadas, además de alambres y postes para completar determinados cerramientos. Esta variedad nos ayuda a comprender que antes de comprar deberíamos pensar en el uso concreto que tendrá la instalación y en las condiciones a las que estará expuesta.

También tenemos que plantearnos cuánto tiempo queremos mantener ese cerramiento. No es lo mismo necesitar una solución provisional para delimitar temporalmente una zona que realizar una instalación destinada a permanecer durante muchos años. En este último caso tendrá más sentido prestar atención a la resistencia de los materiales, a la protección frente a la corrosión y a la calidad de los diferentes elementos que forman la estructura.

El terreno puede condicionarnos mucho más de lo que pensamos

Antes de comprar rollos de malla conviene recorrer el perímetro que queremos cerrar y observarlo con tranquilidad. Un terreno completamente llano resulta bastante diferente de otro con pendientes, desniveles, piedras o cambios constantes de altura. Estas características pueden influir tanto en la elección de la malla como en la colocación de los postes y en la cantidad de trabajo necesaria para conseguir un cerramiento uniforme.

También debemos conocer las dimensiones reales. Calcular aproximadamente los metros mirando un plano o recordando las medidas de la parcela puede llevarnos a comprar una cantidad insuficiente o excesiva de material. Lo recomendable es medir el recorrido que seguirá el cerramiento, identificar las esquinas y decidir dónde queremos colocar puertas o accesos. Si existen obstáculos como árboles, construcciones o desniveles importantes, deberíamos tenerlos presentes desde el principio.

Las condiciones del suelo también importan porque los postes necesitan una fijación adecuada. Un suelo compacto no plantea exactamente las mismas dificultades que uno muy blando o especialmente pedregoso. Además, las esquinas y los cambios de dirección pueden necesitar una atención especial porque son puntos en los que la estructura soportará diferentes esfuerzos. Todo esto demuestra que instalar una malla no consiste simplemente en desenrollarla alrededor de una parcela.

La malla de simple torsión es una de las opciones que más solemos reconocer

La malla de simple torsión es probablemente una de las imágenes que primero nos vienen a la cabeza cuando pensamos en un cerramiento metálico. Su característico dibujo en forma de rombos aparece en instalaciones deportivas, parcelas, jardines y diferentes espacios residenciales o profesionales. Una de sus ventajas prácticas es que se comercializa en rollos y puede adaptarse a recorridos bastante largos, aunque su correcta colocación requiere mantener una tensión adecuada.

En el mercado podemos encontrarla en diferentes alturas, diámetros de alambre y acabados. Algunas versiones son galvanizadas y otras incorporan un revestimiento plastificado, habitualmente utilizado también por motivos estéticos y de protección. Las dimensiones tampoco son un detalle menor. Antes de comprar deberíamos comprobar la altura necesaria, la longitud del perímetro y las características concretas del alambre, ya que dos mallas que visualmente parecen muy similares pueden tener especificaciones diferentes.

Los postes forman una parte fundamental de este sistema. Existen postes preparados para trabajar con malla de simple torsión y alambre de tensión, además de piezas específicas para comienzos, finales o determinados cambios en el recorrido. Por eso calcular solamente el precio de los rollos nos dará una visión incompleta del coste real. Necesitamos contemplar todos los elementos necesarios para que la instalación pueda mantenerse estable una vez terminada.

Las mallas electrosoldadas ofrecen una estructura diferente

Otra alternativa bastante habitual es la malla electrosoldada, formada por alambres que crean una cuadrícula mediante uniones soldadas. Su aspecto resulta diferente al de la simple torsión y podemos encontrar numerosas configuraciones en función del tamaño de los cuadros, el diámetro del alambre, la altura y el acabado. Estas variaciones permiten utilizarla en cerramientos y también en otros trabajos relacionados con jaulas, divisiones o determinadas aplicaciones industriales.

Una cuestión que podemos observar es el tratamiento del acero. Existen mallas galvanizadas destinadas a mejorar su comportamiento frente a la corrosión y también alternativas plastificadas o fabricadas en acero inoxidable. En las mallas galvanizadas, el recubrimiento de zinc funciona como protección del acero frente a la corrosión. Cuando el material estará permanentemente expuesto a lluvia, humedad y cambios de temperatura, este aspecto adquiere una importancia evidente.

En las mallas electrosoldadas galvanizadas, el galvanizado en caliente realizado después de la soldadura puede cubrir tanto los alambres como las uniones, proporcionando una mayor protección frente a la corrosión. Esto no significa que tengamos que elegir automáticamente este sistema para cualquier finca, sino que conviene prestar atención al acabado y no únicamente al aspecto exterior de la malla cuando comparemos diferentes alternativas.

Altura, grosor y tamaño de la abertura también importan

Una vez decidido el tipo de malla todavía quedan varias características por elegir. La altura es probablemente la más evidente, pero no es la única. También podemos encontrar diferencias en el diámetro del alambre y en el tamaño de las aberturas. Todos estos elementos deberían guardar relación con el uso que tendrá el cerramiento y no simplemente con aquello que nos parezca más bonito cuando vemos diferentes opciones.

Antes de decidir podemos valorar aspectos como:

  • La altura que necesitamos para el cerramiento
  • El tamaño de las aberturas de la malla
  • El diámetro y la resistencia del alambre
  • La exposición a lluvia y humedad
  • La presencia de animales en la finca
  • La longitud total que necesitamos cerrar
  • El número de esquinas y cambios de dirección
  • Las puertas o accesos que queremos incorporar

No siempre necesitaremos la opción más alta, gruesa o cerrada disponible. Elegir correctamente consiste precisamente en encontrar unas características proporcionadas al uso que vamos a darle. Una pequeña delimitación interior puede tener necesidades muy diferentes a las de todo el perímetro exterior de una finca. Comparar las especificaciones de los productos nos permitirá entender mejor qué estamos comprando y evitar elegir únicamente por el precio del rollo.

Galvanizado, plastificado o inoxidable, el acabado también cambia las prestaciones

Cuando buscamos una malla metálica veremos continuamente términos como galvanizada, plastificada o inoxidable. Aunque puedan parecernos simples acabados estéticos, existen diferencias importantes entre ellos. El acero necesita enfrentarse a las condiciones del exterior y especialmente a la humedad, por lo que los tratamientos destinados a mejorar su resistencia frente a la corrosión tienen un papel relevante en la duración del cerramiento.

El galvanizado utiliza una capa de zinc para proteger el acero. También podemos encontrar mallas que, después de estar galvanizadas, incorporan un recubrimiento plástico. Este tipo de acabado suele reconocerse fácilmente por colores como el verde y puede proporcionar una protección adicional frente a la corrosión, además de modificar el aspecto visual del cerramiento. Existen igualmente soluciones fabricadas directamente con acero inoxidable para determinadas aplicaciones y condiciones.

No deberíamos interpretar esto como que una alternativa es siempre mejor que todas las demás. El entorno en el que instalaremos el cerramiento, nuestro presupuesto y el nivel de resistencia necesario deberían formar parte de la decisión. Si la parcela está especialmente expuesta a humedad o buscamos una instalación para muchos años, probablemente prestaremos más atención a estos aspectos que si necesitamos realizar una delimitación sencilla y temporal. También conviene pensar en el mantenimiento que estaremos dispuestos a realizar con el paso del tiempo, ya que algunos materiales pueden necesitar más atención que otros. Valorar todos estos factores antes de comprar nos ayudará a encontrar una solución que realmente se adapte a las características de nuestra finca.

Los postes y tensores son tan importantes como la propia malla

Podemos dedicar mucho tiempo a elegir una buena malla y olvidarnos de que necesita una estructura que la mantenga correctamente colocada. Los postes cumplen precisamente esa función y su distribución dependerá del sistema de cerramiento, del recorrido y de las características del terreno. También podemos necesitar elementos diferentes en las esquinas, comienzos o finales, donde se producen esfuerzos que no son exactamente iguales a los de un tramo completamente recto.

En una instalación de simple torsión, por ejemplo, el alambre de tensión ayuda a mantener correctamente la malla y los postes sirven como estructura de soporte. Existen modelos de postes con perforaciones o grapas destinadas a facilitar el paso de estos alambres. A ello podemos sumar tensores, bridas y otras piezas dependiendo del sistema que estemos instalando. La correcta colocación de todos estos elementos ayuda a mantener la malla firme y evita que vaya perdiendo tensión con el paso del tiempo. Por eso conviene pensar en el cerramiento como un conjunto y no centrar toda nuestra atención únicamente en la malla que vamos a utilizar.

Las puertas también deberían planificarse desde el principio. Si necesitamos que entren vehículos, maquinaria agrícola o simplemente queremos disponer de un acceso peatonal, tendremos que decidir su ubicación antes de distribuir todo el cerramiento. Colocar la malla primero y pensar posteriormente dónde irá la entrada puede obligarnos a modificar parte del trabajo que ya hemos realizado.

Una buena elección empieza midiendo y planificando antes de comprar

Antes de realizar el pedido final conviene repasar todo el proyecto. Necesitamos saber cuántos metros vamos a cerrar, qué altura queremos, qué tipo de malla utilizaremos y qué elementos complementarios serán necesarios. También deberíamos calcular las puertas, esquinas y cambios de dirección. Preparar esta información antes de comprar reduce bastante las posibilidades de descubrir a mitad del montaje que nos falta algún componente importante.

Tampoco deberíamos olvidar la normativa que pueda afectar al cerramiento. Las condiciones para vallar una finca pueden variar según el municipio, la clasificación del suelo, la proximidad a caminos, carreteras, cauces u otros espacios y las características de la propia instalación. Antes de iniciar los trabajos conviene consultar con el ayuntamiento correspondiente si necesitamos licencia, comunicación previa o si existen condiciones específicas sobre altura, retranqueos o materiales.

Elegir una malla metálica adecuada significa pensar bastante más allá del rollo que vamos a comprar. Necesitamos conocer el terreno, decidir qué queremos conseguir con el cerramiento y valorar la altura, el tipo de malla, el acabado y los elementos que sostendrán toda la instalación. Dedicar un poco más de tiempo a estas decisiones antes de empezar puede evitarnos tener que corregir posteriormente un cerramiento que no se adapta realmente a aquello que necesitábamos.

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