La tecnología que no vemos detrás de la elaboración de nuestros vinos

Cuando descorchamos una botella de vino, solemos pensar en el viñedo, en las uvas, en la vendimia o incluso en las barricas donde ha podido permanecer durante meses, pero pocas veces imaginamos toda la tecnología que existe entre la llegada de la uva a la bodega y el momento en el que esa botella termina sobre nuestra mesa. La imagen tradicional del vino sigue estando muy ligada al campo y al trabajo artesanal, algo completamente lógico, aunque las bodegas actuales también son espacios donde encontramos maquinaria, depósitos, sistemas de refrigeración, bombas, filtros, sensores y líneas de embotellado que ayudan a controlar diferentes fases del proceso.

La tecnología no pretende sustituir el conocimiento del viticultor ni del enólogo, más bien proporciona herramientas para trabajar con mayor precisión y controlar variables que pueden influir en el resultado final. La temperatura durante una fermentación, la presión aplicada durante el prensado, las condiciones de almacenamiento o la limpieza de los equipos son algunos ejemplos. La propia Organización Internacional de la Viña y el Vino recoge en sus esquemas técnicos diferentes fases de elaboración, desde la recepción y selección de las uvas hasta el despalillado, fermentación, prensado, clarificación, filtración, almacenamiento y embotellado.

Todo comienza cuando la uva entra en la bodega

La vendimia es probablemente una de las imágenes más conocidas relacionadas con el vino, pero recoger la uva es solamente el comienzo. Una vez que llega a la bodega, empieza una fase especialmente importante en la que es necesario recibirla, transportarla y prepararla para las siguientes etapas. Dependiendo del tamaño de la explotación y de su forma de trabajar, pueden utilizarse diferentes sistemas para facilitar la descarga y mover el producto, intentando que todo el proceso resulte ordenado y adaptado al volumen de producción.

Aquí empiezan a aparecer máquinas que normalmente permanecen completamente alejadas de la mirada del consumidor, como tolvas de recepción, cintas elevadoras y mesas de selección. Estas últimas permiten revisar las uvas y retirar hojas, ramas, frutos en malas condiciones u otros elementos que no interesa incorporar al proceso. En algunas instalaciones encontramos sistemas mecánicos que ayudan a distribuir el producto de manera uniforme para facilitar esta selección, mientras que otras bodegas combinan maquinaria y revisión manual dependiendo de sus necesidades.

La tecnología resulta especialmente útil cuando llegan grandes cantidades de uva en poco tiempo, algo habitual durante la vendimia. Una bodega necesita organizar correctamente el flujo de producto para evitar acumulaciones y mantener un ritmo de trabajo adecuado, no se trata simplemente de procesar más rápido, sino de conseguir que las diferentes etapas estén coordinadas. Una máquina de gran capacidad tendría poca utilidad si el siguiente equipo de la línea no pudiera trabajar al mismo ritmo, por lo que el diseño del conjunto tiene tanta importancia como cada elemento por separado.

Seleccionar la uva antes de continuar el proceso

No todas las uvas que llegan a una bodega presentan exactamente las mismas características. Durante la recolección pueden aparecer hojas, pequeños restos vegetales o frutos que interesa separar antes de continuar, por eso la selección constituye una de esas fases que parecen sencillas desde fuera, pero que pueden requerir bastante organización cuando hablamos de miles de kilos de producto.

Las mesas de selección facilitan esta tarea porque permiten distribuir las uvas de manera que puedan revisarse antes de pasar a las siguientes máquinas. Existen modelos con cintas transportadoras y otros que incorporan sistemas de rodillos capaces de ayudar a separar determinados elementos, la velocidad también puede regularse para adaptar el flujo de trabajo a las características de cada instalación y al volumen recibido.

Esta primera fase demuestra perfectamente cómo la tecnología puede acompañar un trabajo tradicional sin cambiar su objetivo. Una persona podría seleccionar manualmente pequeñas cantidades de uva, pero cuando aumenta el volumen, necesitamos sistemas capaces de mantener un flujo constante. La maquinaria ayuda precisamente a gestionar esas cantidades y a conseguir que el producto avance de forma organizada hacia las siguientes etapas.

Separar el raspón y preparar las uvas

Después de la selección aparece otro término habitual en el lenguaje de las bodegas, el despalillado. Básicamente, consiste en separar las uvas de la parte vegetal del racimo, conocida como raspón, dependiendo del tipo de vino y del método de elaboración, esta operación puede realizarse de diferentes maneras y no tiene por qué aplicarse exactamente igual en todos los casos.

Las despalilladoras modernas permiten realizar esta operación de manera continua, algo especialmente útil cuando existe un volumen importante de producción. A partir de aquí también puede realizarse el estrujado, cuyo objetivo no consiste en triturar violentamente la uva, sino en romperla de manera controlada para liberar el mosto y facilitar las siguientes fases. La intensidad y la forma de realizar estos procesos dependerán nuevamente del estilo de vino que quiera obtenerse.

Resulta curioso comprobar cuántas decisiones aparecen antes incluso de llegar a la fermentación. Desde fuera podríamos imaginar que elaborar vino consiste básicamente en recoger uvas, extraer su zumo y esperar, pero la realidad es mucho más compleja, cada fase prepara el producto para la siguiente y exige conocer qué resultado queremos obtener antes de decidir cómo vamos a trabajar.

El prensado también ha evolucionado

Prensar uvas es una práctica con siglos de historia y probablemente una de las operaciones más fáciles de relacionar con la elaboración tradicional del vino. Las antiguas prensas han dejado imágenes muy reconocibles, pero los sistemas actuales permiten controlar mucho mejor aspectos como la presión aplicada y la duración del proceso.

Actualmente, podemos encontrar diferentes tecnologías, entre ellas prensas neumáticas e hidráulicas. En las primeras, una membrana puede ejercer presión sobre la masa de uva de manera controlada, mientras que los sistemas hidráulicos utilizan la fuerza generada por un mecanismo de este tipo para realizar la compresión. Cada solución presenta características diferentes y las bodegas pueden elegir en función de su volumen de producción y de la forma en la que quieren trabajar.

Aquí vuelve a aparecer una idea fundamental, extraer más no significa necesariamente hacerlo mejor. La elaboración del vino busca obtener el producto en unas condiciones determinadas y por eso interesa controlar el proceso, poder ajustar diferentes parámetros proporciona al profesional herramientas para decidir cómo realizar cada operación en lugar de depender únicamente de un procedimiento fijo.

Los depósitos son mucho más que grandes recipientes

Cuando visitamos una bodega moderna, es habitual encontrarnos con grandes depósitos de acero inoxidable que ocupan una parte considerable de las instalaciones. A simple vista pueden parecer enormes recipientes cuya única misión consiste en almacenar líquido, aunque en realidad forman parte fundamental de diferentes fases de la elaboración y pueden incorporar elementos destinados al control de temperatura, conexiones, válvulas y otros sistemas.

El acero inoxidable se ha convertido en un material habitual porque resulta apropiado para trabajar en la industria alimentaria, permite mantener unas buenas condiciones higiénicas y facilita las tareas de limpieza. Además, los depósitos pueden fabricarse con capacidades y configuraciones muy diferentes dependiendo del espacio disponible, el volumen de producción y la función concreta que vayan a desempeñar.

No todos los vinos siguen exactamente el mismo recorrido y tampoco todas las bodegas necesitan los mismos depósitos. Algunas instalaciones trabajan con grandes volúmenes, mientras que otras prefieren separar pequeñas partidas, precisamente por eso existe tanta variedad de tamaños y diseños. La tecnología aplicada a la elaboración del vino no consiste únicamente en fabricar máquinas cada vez mayores, sino también en conseguir equipos capaces de adaptarse a diferentes formas de producir.

La maquinaria se adapta a bodegas muy diferentes

No existe una única forma de elaborar vino y tampoco todas las bodegas trabajan con las mismas cantidades. Una pequeña explotación familiar puede necesitar soluciones completamente diferentes a una instalación que procesa grandes volúmenes durante cada vendimia, por eso la maquinaria se ofrece en capacidades y configuraciones muy variadas.

Hablando con los especialistas de Boada Tecnología, me explicaron que actualmente existen soluciones capaces de cubrir diferentes fases de la elaboración del vino, desde la recepción de la vendimia hasta el embotellado, con equipos como despalilladoras, prensas, depósitos, sistemas de refrigeración y maquinaria destinada a las últimas etapas del proceso. Esta variedad permite entender cómo la tecnología puede adaptarse a las necesidades, características y dimensiones de cada proyecto, en lugar de plantear una única solución para todas las bodegas.

Lo interesante es que modernizar una bodega no significa necesariamente automatizar absolutamente todo. Cada productor puede decidir dónde necesita mejorar capacidad, control o eficiencia y mantener otras operaciones de una manera más tradicional, precisamente esa flexibilidad permite encontrar bodegas muy diferentes entre sí que, aun utilizando tecnología moderna, conservan una identidad propia en su forma de elaborar.

Sensores y mediciones para saber qué ocurre dentro

Uno de los grandes cambios tecnológicos de prácticamente cualquier industria ha sido la posibilidad de medir cada vez más variables. En una bodega, esto significa disponer de instrumentos que ayudan a conocer temperaturas, niveles, presiones y otros parámetros relacionados con las diferentes etapas de producción, aquello que antes podía depender principalmente de la observación ahora puede complementarse con datos.

La información permite detectar cambios y reaccionar con mayor rapidez. Si la temperatura de un depósito comienza a variar de una manera inesperada, conocerlo pronto facilita revisar qué está ocurriendo, de la misma forma, determinados sistemas pueden automatizar operaciones que anteriormente necesitaban una supervisión manual prácticamente constante.

Sin embargo, tener muchos datos no sirve de nada si no sabemos interpretarlos. La tecnología proporciona información, pero sigue siendo necesario el conocimiento profesional para entender qué significa y decidir qué hacer. En mi opinión, esta combinación entre experiencia humana y herramientas de medición representa mucho mejor la bodega moderna que la idea de una instalación completamente automatizada donde las máquinas toman todas las decisiones.

Bombas y tuberías, la parte menos visible

Mover vino de un depósito a otro parece una tarea sencilla hasta que pensamos en los miles de litros que puede manejar una bodega. No podemos trasladar semejantes cantidades manualmente, de manera que las bombas, mangueras, tuberías y válvulas forman una infraestructura fundamental que normalmente pasa completamente desapercibida.

Estos sistemas permiten transportar líquidos entre diferentes puntos de la instalación y tienen que estar diseñados para trabajar con productos alimentarios. La elección de una bomba dependerá de aspectos como el caudal necesario, las características del producto y el tipo de operación que vayamos a realizar, además, todo el circuito debe permitir una limpieza adecuada para mantener las condiciones higiénicas.

Es una tecnología poco espectacular para quien visita una bodega, pero absolutamente necesaria. Muchas veces pensamos en innovación imaginando grandes pantallas o robots, cuando una válvula bien diseñada o una bomba adecuada pueden resultar igual de importantes para conseguir un proceso eficiente y controlado.

Algunas de las máquinas que podemos encontrar en una bodega

Si nunca hemos entrado en una zona de producción, puede sorprender la cantidad de equipos diferentes que participan en la elaboración. No todos aparecen necesariamente en cada instalación y tampoco todos se utilizan para cualquier tipo de vino, pero sirven para hacernos una idea de lo complejo que puede llegar a ser el proceso.

Entre los equipos y sistemas habituales podemos encontrar:

  • Tolvas, cintas transportadoras y mesas destinadas a recibir y seleccionar la vendimia.
  • Despalilladoras y estrujadoras para preparar las uvas antes de determinadas fases de elaboración.
  • Prensas hidráulicas o neumáticas adaptadas a diferentes capacidades de producción.
  • Depósitos de distintas dimensiones destinados a fermentación, almacenamiento u otras operaciones.
  • Sistemas de refrigeración para controlar la temperatura durante determinadas etapas.
  • Bombas, válvulas y conducciones que permiten trasladar el producto por las instalaciones.
  • Equipos de filtración utilizados durante las fases de preparación del vino.
  • Llenadoras, taponadoras y etiquetadoras destinadas al proceso final de embotellado.

Lo importante no es memorizar el nombre de todas estas máquinas, sino entender que funcionan como partes de un conjunto. La uva y posteriormente el vino tienen que desplazarse por distintas fases de manera organizada, cada equipo recibe el producto de una etapa anterior y lo prepara para la siguiente, creando una cadena en la que coordinación, limpieza y control adquieren mucha importancia.

Tradición y tecnología pueden avanzar juntas

El vino tiene miles de años de historia y eso hace especialmente interesante observar cómo ha ido incorporando nuevas herramientas sin abandonar sus raíces. Seguimos dependiendo de la uva, del clima, del suelo y de las decisiones tomadas en el viñedo, ninguna máquina puede sustituir esos elementos, pero sí puede ayudar cuando la materia prima llega a la bodega.

La evolución tecnológica permite controlar mejor determinadas operaciones, facilitar trabajos físicamente exigentes y manejar volúmenes que serían imposibles de gestionar manualmente. También proporciona información que ayuda a tomar decisiones, aunque la experiencia y el conocimiento siguen siendo necesarios para interpretar esos datos y determinar qué camino seguir.

Al final, cuando servimos una copa, probablemente no pensemos en cintas transportadoras, depósitos refrigerados, bombas, filtros o llenadoras, pensamos simplemente en el vino que tenemos delante. Sin embargo, conocer todo lo que ocurre detrás nos permite apreciar el producto desde otra perspectiva, porque esa botella no es únicamente el resultado de una vendimia y de unos meses de espera, sino también de una larga cadena de decisiones, conocimiento, trabajo y tecnología que normalmente permanece fuera de nuestra vista.

Compartir articulo

Articulos relacionados

Informe técnico y pericial en construcción

Los informes periciales no son exclusivos de los forenses. Dentro del mundo de la construcción y las reformas, es frecuente requerir informes técnicos y periciales cuando se produce un daño en el inmueble por defectos en la construcción. Disponer de

La evolución de las cuerdas

En apariencia, una cuerda es una cuerda. No reparamos mucho en ellas, salvo que nos dediquemos a alguna actividad que las requiera. Por lo general, todos sabemos de su existencia, las hemos utilizado o las utilizamos en determinados momentos y

Más comentados

Informe técnico y pericial en construcción

Los informes periciales no son exclusivos de los forenses. Dentro del mundo de la construcción y las reformas, es frecuente requerir informes técnicos y periciales cuando se produce un daño

Scroll al inicio