Real Decreto-Ley 35/2020 de medidas urgentes de apoyo al sector turístico, a la hostelería, al comercio y en materia tributaria

La idea del Real Decreto-Ley 35/2020 va dirigida a negocios que viven del turismo, la hostelería y el comercio físico. Son sectores que dependen muchísimo de que haya gente entrando, consumiendo y moviendo dinero cada día. Cuando eso se interrumpe, los gastos siguen estando, aunque no tengas para pagarlos: alquiler, impuestos, facturas, sueldos…

Lo que hace esta norma es intentar que esos negocios no se queden sin poder respirar. Para eso mete ajustes en cosas muy concretas: alquileres de locales, pagos de impuestos y ciertas obligaciones económicas. También abre la puerta a acuerdos entre propietarios de locales y quienes los alquilan, para que puedan adaptarse a momentos en los que entra menos dinero.

Todo gira alrededor de una idea bastante simple: si el negocio gana menos durante un tiempo, se necesita flexibilidad para que pueda seguir funcionando sin cerrar. Eso se traduce en rebajar presión en gastos fijos y permitir reorganizar pagos.

También aparece la participación de administraciones públicas, porque no todo depende solo de empresas y propietarios. Se intenta que haya un equilibrio entre todos los lados para que el sistema no se rompa en cadena.

Ahora lo explico más claro.

 

Cambios en los alquileres de locales

La idea aquí es que, si un negocio está cerrado o entra muchísimo menos dinero por una situación excepcional, pagar el alquiler completo como si todo siguiera igual puede hundirlo en poco tiempo.

Lo que se hace es abrir margen para negociar entre quien alquila el local y quien lo usa. Puede ser bajar el importe durante un tiempo, aplazar parte del pago o repartirlo de otra manera para que no ahogue al negocio en el momento más complicado.

También cambia un poco el enfoque según el tipo de propietario. Si es una gran empresa o alguien con muchos inmuebles, se empuja más hacia ajustes temporales en el precio o condiciones. Si es un propietario pequeño, se busca más equilibrio para que la situación no le perjudique de forma fuerte, pero sin bloquear acuerdos flexibles entre ambas partes.

O sea, que si el negocio no está generando lo mismo, el alquiler no puede seguir como si nada. Si no se adapta, muchos locales acaban cerrando solo por ese gasto fijo.

 

Por eso, otra buena idea es que se revisen los equipamientos para no caer en gastos extra

Desde Mayfriho, expertos en todo tipo de equipamiento de hostelería en la provincia de Alicante, dicen que, cuando el local está en fase de ajuste o con ingresos inestables, conviene revisar también el equipamiento del negocio. Se plantea que, en vez de hacer inversiones grandes de golpe, a veces es mejor optar por soluciones más flexibles en maquinaria o mantenimiento, o incluso ajustar el equipamiento a lo realmente necesario en ese momento.

La idea detrás de esto es que, si se reduce presión en gastos fijos como alquiler y también se ajusta el gasto en equipamiento o mantenimiento, el negocio respira mejor. No se trata de recortar calidad, sino de adaptar la estructura del negocio a una etapa donde la prioridad es seguir abierto.

Al final, todo este bloque de alquileres va en la misma dirección: evitar cierres innecesarios y dar tiempo para que el negocio se recupere sin tener que desaparecer por falta de margen económico.

 

Ajustes en impuestos y pagos fiscales

En esta parte la norma, entra en algo que suele agobiar mucho a cualquier negocio: los impuestos. Cuando la actividad baja, los impuestos no desaparecen, y eso genera mucha presión en caja. Por eso este Real Decreto-Ley introduce medidas para dar aire en los pagos.

Se permite aplazar ciertos pagos tributarios para que no haya que pagar todo justo en el peor momento. Esto ayuda a que el dinero que entra en el negocio se pueda usar primero para lo urgente, como sueldos o suministros básicos, antes de ir directo a Hacienda.

También se flexibilizan algunos plazos de presentación de impuestos para autónomos y pequeñas empresas. No es que se eliminen, pero sí se intenta que no coincidan con momentos críticos de falta de ingresos.

Otra idea clave es que los negocios no tengan que elegir entre pagar impuestos o sobrevivir. Se intenta que el sistema no los empuje a una situación imposible, donde cumplir con todo signifique cerrar.

Además, se incluyen ajustes en ciertos procedimientos para que la gestión sea más sencilla en un momento en el que todo es más inestable. Esto reduce la carga administrativa y evita errores por prisas o falta de recursos.

Esta parte no elimina obligaciones, pero sí reorganiza el calendario y la forma de pago para que el golpe económico sea menos brusco.

 

Apoyo a la hostelería y el turismo

La hostelería y el turismo son dos sectores que dependen muchísimo del movimiento de personas. Cuando baja el turismo o se restringe la actividad, bares, restaurantes, hoteles y pequeños negocios turísticos lo sienten de forma inmediata. ¿Te imaginas esto en lugares donde el turismo es sobre todo en verano? ¿Qué pasa con estos lugares en invierno?

La norma intenta que estos negocios no desaparezcan por una bajada temporal de actividad. Se introducen medidas que facilitan mantenerlos abiertos, aunque el nivel de ingresos no sea el habitual. La idea es aguantar el puente entre la crisis y la recuperación.

En muchos casos se favorecen acuerdos con proveedores y arrendadores para ajustar pagos. Esto incluye renegociar condiciones para que el negocio no tenga que asumir costes que no puede cubrir en ese momento.

También se apoya la continuidad de la actividad con medidas indirectas, como reducir presión en ciertos pagos y facilitar la reorganización de gastos fijos. Todo esto busca que los negocios puedan seguir funcionando, aunque sea con menos volumen.

El objetivo es evitar el efecto dominó: si cierran hoteles, sufren restaurantes, proveedores, transporte y todo el ecosistema alrededor del turismo. Mantener el mayor número posible de negocios activos es la clave para que el sector no se rompa.

Aquí se protege la base de uno de los sectores más sensibles a cualquier crisis.

 

Medidas para el comercio físico

El comercio físico también aparece muy afectado, porque depende de que la gente salga a la calle, entre en tiendas y consuma de forma presencial. Cuando eso baja, los ingresos caen rápido, pero los gastos siguen igual.

Esta norma intenta dar herramientas para que las tiendas puedan adaptarse. Una de las ideas principales es facilitar la continuidad del negocio, aunque las ventas sean menores. Para eso se ajustan condiciones económicas y se permite reorganizar pagos.

También se impulsa la flexibilidad en contratos y acuerdos entre partes. Esto ayuda a que pequeños comercios no queden atrapados en compromisos demasiado rígidos cuando la situación cambia de golpe.

Otro punto importante es la intención de evitar cierres masivos por falta de liquidez. Se busca que las tiendas tengan margen para reorganizar su actividad antes de tomar decisiones drásticas como cerrar definitivamente.

Además, se fomenta que propietarios de locales comerciales y comerciantes lleguen a acuerdos equilibrados. Esto es importantísimo, porque muchas tiendas dependen del alquiler, y ese gasto puede ser el factor que decide si continúan o no.

 

Flexibilidad entre propietarios e inquilinos

Este bloque es interesante porque pone el foco en la relación directa entre quien tiene el local y quien lo usa para trabajar. Normalmente, esta relación es fija, pero aquí se introduce la idea de que puede adaptarse a situaciones excepcionales.

Se promueve que ambas partes renegocien condiciones cuando la actividad del negocio baja de forma importante. Esto puede incluir cambios temporales en el precio del alquiler o ajustes en los plazos de pago.

La clave está en evitar conflictos largos. En lugar de entrar en disputas legales, se intenta que haya acuerdos rápidos que permitan seguir funcionando sin cortar la actividad del negocio.

También se diferencia entre tipos de propietarios. Cuando el propietario es grande o tiene muchos inmuebles, se espera una mayor capacidad de adaptación. Cuando es pequeño, se busca más equilibrio para no perjudicarlo.

Esto crea un sistema más flexible donde no todo es rígido ni igual para todos los casos. Cada situación se analiza según su contexto.

El objetivo final es que el local no se convierta en un problema que empuje al cierre del negocio, sino en una parte que se puede ajustar temporalmente.

 

Papel de las administraciones públicas

Las administraciones públicas funcionan como una especie de soporte que mantiene el sistema en pie cuando la situación se complica. No entran a sustituir a los negocios ni a decidir cómo trabajan, sino que ayudan a que todo siga siendo manejable cuando hay presión económica.

Una de sus funciones principales es organizar y acelerar las ayudas. Se intenta que los apoyos lleguen cuanto antes a los sectores que más lo necesitan, evitando esperas largas que en momentos así pueden hundir aún más la actividad.

También simplifican trámites. Cuando un negocio está con problemas, lo último que necesita es un montón de papeleo complicado. Por eso se ajustan procesos para que sean más directos y fáciles de seguir, tanto para autónomos como para empresas.

Otro punto importante es que conectan las normas con lo que está pasando en la realidad. Si algo no encaja con la situación del comercio, la hostelería o el turismo, se adapta para que tenga sentido práctico y no se quede en teoría imposible de aplicar.

Además, actúan como canal de información. Explican qué ayudas existen, cómo se solicitan y qué opciones están abiertas en cada caso. Esto ayuda a que los negocios no se pierdan entre dudas y puedan tomar decisiones más rápido.

Su papel es dar estabilidad y evitar que el sistema se rompa en cadena cuando un sector entero empieza a fallar.

 

Reequilibrio económico en los sectores afectados

En este punto se ve la idea global de toda la norma: intentar que los sectores más afectados no colapsen. Turismo, hostelería y comercio funcionan como una red, donde todo está conectado.

Cuando cae el ingreso, el problema no es solo una empresa, sino muchas a la vez. Por eso se introducen medidas que buscan repartir el impacto de la crisis de forma más equilibrada.

Se ajustan gastos, se reorganizan pagos y se intenta que cada parte asuma una carga proporcional a su capacidad. Esto evita que todo el peso recaiga sobre un solo lado.

El objetivo es mantener el funcionamiento básico del sistema económico en esos sectores, aunque sea en modo reducido. Esto permite que la recuperación posterior sea más rápida.

Sin estas medidas, muchos negocios podrían cerrar definitivamente, lo que tendría un efecto mucho más largo en la economía local.

 

Continuidad de la actividad empresarial

Se nota rápido que turismo, hostelería y comercio van todos conectados, como piezas del mismo sistema. Si uno cae, el resto también lo siente. Por eso esta parte de la norma intenta repartir el golpe en vez de dejarlo caer todo sobre los mismos negocios.

Veo que el problema no es una tienda aislada o un bar concreto, sino muchos sitios a la vez con menos clientes y menos ingresos. Cuando eso pasa, pagar todo igual que antes deja a mucha gente sin margen para seguir abierta.

Lo que se hace es ajustar cargas: gastos más suaves durante un tiempo, pagos que se pueden mover y acuerdos que permiten respirar un poco. La idea es que cada parte aguante lo que puede sin romperse. Ni el negocio asume todo el peso ni el sistema se queda rígido sin cambiar nada.

También se busca que el funcionamiento básico siga activo. Aunque todo vaya más lento o con menos movimiento, se intenta que los negocios no desaparezcan del mapa. Mantenerlos abiertos, aunque sea en modo reducido, ayuda muchísimo después, porque volver desde cero siempre es más complicado.

Sin este tipo de ajustes, muchos locales cerrarían directamente. Eso no solo afecta a cada negocio por separado, también deja calles enteras sin actividad y hace que la recuperación tarde mucho más en arrancar.

 

Impacto en pequeños negocios

Los pequeños negocios son los que más rápido notan cualquier cambio en la economía. No tienen un colchón grande de dinero guardado, así que cuando baja la clientela o se frenan las ventas, el golpe llega directo. No hay margen para esperar demasiado ni para aguantar muchos meses sin ingresos estables.

Se ajustan pagos para que no todo tenga que pagarse de golpe. También se abre la puerta a cambios en contratos, sobre todo en alquileres, que suelen ser uno de los gastos más pesados. Además, se facilitan acuerdos con propietarios para que ambas partes puedan adaptarse a una situación que no es normal.

Todo esto reduce bastante la presión diaria, que es lo que más agobia en estos casos. No tener que enfrentarse a pagos imposibles cada mes cambia mucho la forma en la que se puede seguir trabajando.

El objetivo es que estos negocios no tengan que cerrar solo por una mala racha temporal. Mantener la actividad básica en marcha permite que puedan seguir funcionando y recuperarse cuando la situación mejora.

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