Aprender a bucear durante las vacaciones, una forma diferente de descubrir Lanzarote

Cuando pensamos en unas vacaciones en Lanzarote, probablemente imaginemos sus paisajes volcánicos, sus playas, los pueblos blancos y las carreteras que atraviesan terrenos que parecen pertenecer a otro planeta. Sin embargo, una parte importante de la isla permanece fuera de nuestra vista cuando nos limitamos a recorrerla por tierra. Basta con colocarnos una máscara y mirar bajo la superficie para descubrir que el paisaje continúa en el océano y que allí también encontramos formaciones volcánicas, diferentes especies marinas y escenarios que pueden cambiar completamente nuestra forma de conocer el destino.

El buceo puede parecer complicado cuando nunca lo hemos probado. Respirar bajo el agua no es algo natural para nosotros y resulta comprensible que durante los primeros minutos sintamos cierta inseguridad. Precisamente por eso existen experiencias de iniciación pensadas para personas sin formación previa, en las que primero aprendemos cuestiones básicas y posteriormente realizamos una inmersión acompañados por un instructor. No tenemos que convertirnos en buceadores experimentados para descubrir cómo se siente estar unos metros por debajo de la superficie.

Este tipo de actividades aporta algo especial a un viaje porque nos permite conocer un lugar desde una perspectiva que difícilmente podríamos experimentar de otra manera. Podemos regresar a Lanzarote varias veces para visitar nuevos pueblos, playas y volcanes, pero sumergirnos en sus aguas nos descubre una parte de la isla que permanece completamente escondida mientras caminamos por la costa.

Nuestra primera inmersión empieza antes de entrar en el agua.

Una de las ideas equivocadas que podemos tener cuando pensamos en probar el buceo es imaginar que llegaremos a la playa, nos colocaremos una botella y comenzaremos a descender inmediatamente. En realidad, antes de entrar en el agua, necesitamos conocer algunos conceptos básicos. Tenemos que familiarizarnos con el equipo, aprender cómo respiramos utilizando el regulador, entender cómo compensar la presión en los oídos y conocer algunas señales que permiten comunicarnos bajo el agua.

Esta preparación resulta especialmente importante porque durante una inmersión no podemos hablar como lo hacemos en tierra. Necesitamos aprender señales sencillas con las manos para indicar que estamos bien, que existe algún problema o que necesitamos llamar la atención de nuestro compañero o instructor. Al principio puede parecernos mucha información, pero buena parte de estos gestos son bastante intuitivos y se practican antes de comenzar la inmersión.

También necesitamos acostumbrarnos a respirar de una manera diferente. Los primeros segundos con un regulador pueden resultar extraños porque nuestro cerebro sabe perfectamente que tenemos la cara dentro del agua. Sin embargo, poco a poco empezamos a comprobar que podemos respirar con normalidad y la sensación cambia. No se trata de intentar hacerlo todo perfectamente desde el primer minuto, sino de familiarizarnos progresivamente con una situación que para nosotros es completamente nueva.

No necesitamos ser expertos para descubrir cómo se siente bucear.

Cuando estamos de vacaciones, quizá no queramos dedicar varios días a conseguir una certificación completa. Puede que simplemente tengamos curiosidad y queramos descubrir si realmente nos gusta el buceo. Para estas situaciones existen experiencias de iniciación que permiten realizar una primera aproximación acompañados por profesionales y sin necesitar experiencia anterior. Es una manera de probar antes de decidir si queremos continuar aprendiendo.

Durante esta primera experiencia iremos descubriendo sensaciones que no tenemos habitualmente en tierra. La manera en la que nos movemos cambia, los sonidos se perciben de otra forma y la sensación de flotabilidad puede sorprendernos bastante. Al principio probablemente estaremos muy pendientes del equipo y de nuestra respiración, pero a medida que ganamos confianza, empezamos a mirar más a nuestro alrededor y a disfrutar del paisaje.

Eso sí, debemos diferenciar una experiencia de iniciación de una certificación completa. Realizar una primera inmersión supervisada puede permitirnos descubrir el buceo, pero aprender a desenvolvernos con mayor autonomía requiere formación. Si después de probar nos quedamos con ganas de continuar, podemos plantearnos realizar un curso en el que aprenderemos teoría, habilidades prácticas y procedimientos que necesitaremos para seguir avanzando.

Lanzarote también tiene un paisaje que continúa bajo el océano.

La relación de Lanzarote con los volcanes resulta evidente cuando recorremos la isla, pero el paisaje volcánico no termina exactamente en la línea de costa. Bajo el agua también podemos encontrar fondos que reflejan ese origen geológico y que crean escenarios muy diferentes a los que observamos desde una playa. Para alguien que realiza su primera inmersión, descubrir estas formas mientras se mueve lentamente bajo el agua puede convertirse en uno de los recuerdos más especiales del viaje.

A todo ello se suma la vida marina. Dependiendo del lugar, la época y las condiciones de la inmersión, podemos encontrar peces y otros animales que convierten el recorrido en una experiencia muy distinta a la de observar el mar desde la superficie. No deberíamos entrar esperando ver una especie concreta, porque estamos visitando un entorno natural y no un acuario. Precisamente, parte de la gracia consiste en no saber exactamente qué aparecerá durante el recorrido.

Además, cuando buceamos, aprendemos a observar de otra manera. Desde fuera podemos pensar que lo interesante será encontrar animales grandes, pero bajo el agua empezamos a prestar atención a pequeñas grietas, cambios en las rocas, bancos de peces y movimientos que inicialmente nos pasaban desapercibidos. Cuanto más tranquilos nos encontramos, más detalles somos capaces de descubrir.

Podemos elegir entre probar una vez o comenzar realmente a aprender.

No todas las personas llegan al buceo con el mismo objetivo. Algunas quieren realizar una única inmersión durante sus vacaciones y disfrutar de una experiencia diferente. Otras descubren desde el primer momento que quieren seguir aprendiendo y obtener una certificación. Por eso existen distintos programas que permiten avanzar progresivamente y adaptar la formación tanto a nuestra experiencia como al tiempo disponible durante el viaje.

Tal y como explican desde Pro Dive Lanzarote, quienes se acercan al buceo por primera vez pueden comenzar con experiencias pensadas para principiantes y, si desean seguir avanzando, continuar posteriormente con cursos de certificación como Scuba Diver u Open Water. Durante este aprendizaje inicial se trabajan cuestiones básicas como respirar con el regulador, compensar correctamente los oídos, comunicarse mediante señales bajo el agua y familiarizarse con el equipo. De esta manera, podemos ir ganando confianza poco a poco y entender que aprender a bucear es un proceso progresivo en el que no necesitamos saber hacerlo todo desde nuestra primera inmersión.

Si después queremos continuar, podemos pasar a una formación más completa. El curso Open Water, por ejemplo, combina teoría, práctica y varias inmersiones para desarrollar las habilidades necesarias para obtener una primera certificación de buceo recreativo. Lo interesante es que unas vacaciones pueden convertirse simplemente en nuestra primera experiencia bajo el agua o en el comienzo de una afición que después podamos continuar practicando en otros viajes.

El equipo puede parecernos complicado, pero cada elemento tiene una función.

La primera vez que vemos todo el equipo de buceo junto puede parecernos bastante más complicado de lo que realmente es. Tenemos máscara, aletas, traje, botella, regulador, chaleco y otros elementos que debemos aprender a reconocer. No necesitamos memorizarlo todo inmediatamente, ya que durante la formación inicial iremos comprendiendo para qué sirve cada cosa y cómo debemos utilizarla.

Entre los elementos con los que empezaremos a familiarizarnos encontramos:

  • La máscara, que nos permite ver con claridad bajo el agua.
  • Las aletas, que facilitan nuestros desplazamientos
  • El regulador, mediante el que respiramos el aire de la botella
  • El chaleco de flotabilidad, que ayuda a controlar nuestra posición en el agua.
  • El traje de buceo, que contribuye a protegernos y conservar la temperatura.
  • La botella, que contiene el gas que utilizaremos durante la inmersión.
  • Los instrumentos que nos ayudan a controlar aspectos de la inmersión

Al principio probablemente estaremos demasiado pendientes de todo. Pensaremos en nuestra respiración, en dónde tenemos las manos, en cómo mover las aletas y en si estamos haciendo correctamente aquello que nos han explicado. Es completamente normal. Con la práctica, muchos de esos movimientos empiezan a resultar más naturales y podemos dedicar más atención a disfrutar del entorno que tenemos delante.

Aprender a controlar la flotabilidad cambia nuestra manera de movernos.

Uno de los aspectos que más sorprenden al empezar es descubrir que moverse bajo el agua tiene poco que ver con caminar o incluso con nadar en superficie. El objetivo no consiste en realizar movimientos constantes y rápidos, sino en aprender progresivamente a mantener una posición estable y desplazarnos de manera controlada. La flotabilidad se convierte así en una de las habilidades fundamentales del buceo.

Aprenderla requiere práctica. Nuestro cuerpo cambia de posición dependiendo de diferentes factores y hasta nuestra respiración influye en pequeños movimientos de ascenso y descenso. Al principio quizá utilicemos demasiado las manos o movamos las piernas continuamente intentando mantenernos en el lugar que queremos. Con las indicaciones adecuadas, empezamos a descubrir que podemos movernos de manera mucho más tranquila.

Esta habilidad también está relacionada con el respeto por el entorno. Mantener una flotabilidad adecuada nos ayuda a evitar golpes contra el fondo y a observar la vida marina sin necesidad de tocarla. Cuando buceamos, estamos entrando en un ecosistema que no nos pertenece y deberíamos intentar que nuestra presencia tenga el menor impacto posible. Aprender a controlar nuestro cuerpo forma parte tanto de la técnica como de una manera responsable de disfrutar del mar. Además, movernos de forma tranquila nos permite contemplar mejor todo aquello que ocurre a nuestro alrededor y disfrutar de la inmersión sin prisas. Poco a poco aprendemos que bajo el agua muchas veces es mejor observar y dejarnos sorprender por el entorno que intentar acercarnos demasiado a aquello que encontramos.

Bajo el agua también tenemos que aprender a respetar unas normas

El buceo es una actividad recreativa, pero eso no significa que podamos improvisar. La formación existe precisamente para enseñarnos procedimientos que nos permiten desenvolvernos con mayor seguridad. Tenemos que seguir las indicaciones del instructor, permanecer junto al grupo o compañero, controlar nuestra situación durante la inmersión y comunicar cualquier problema que aparezca. Si algo no nos resulta cómodo, debemos decirlo en lugar de intentar continuar simplemente porque los demás lo hacen.

Antes de participar en determinadas actividades también puede ser necesario responder a un cuestionario sobre nuestro estado de salud. Algunas condiciones médicas pueden requerir una valoración antes de bucear. En sus indicaciones para principiantes, Pro Dive señala que sus participantes deben completar un formulario médico antes de determinadas experiencias. Si tenemos dudas relacionadas con nuestra salud, lo adecuado es resolverlas previamente y no esperar hasta encontrarnos preparados para entrar en el agua.

También tendremos que organizar el buceo teniendo en cuenta el resto de nuestras vacaciones. Por ejemplo, después de bucear hay que respetar los intervalos recomendados antes de viajar en avión. Por eso, si queremos incluir una inmersión en nuestro viaje, conviene no dejarla automáticamente para las últimas horas antes del vuelo de regreso. Planificarla con antelación nos permitirá disfrutar de la experiencia sin tener que modificar nuestros planes posteriormente.

Podemos regresar de Lanzarote habiendo descubierto una nueva afición

Una de las cosas interesantes del buceo es que no necesitamos decidir desde el principio hasta dónde queremos llegar. Podemos hacer una primera experiencia y descubrir que nos ha gustado, pero que preferimos dejarla como un recuerdo de las vacaciones. También puede ocurrir exactamente lo contrario y que, después de salir del agua, empecemos inmediatamente a preguntarnos cuándo podremos volver a sumergirnos.

Si decidimos continuar existen diferentes niveles de formación. Después de una primera certificación podemos ganar experiencia mediante nuevas inmersiones y posteriormente aprender otras habilidades relacionadas con navegación, flotabilidad, buceo profundo, inmersiones nocturnas o identificación de fauna, entre otras posibilidades. No tenemos que recorrer todo ese camino de golpe. Como ocurre con muchas aficiones, podemos avanzar poco a poco y decidir qué tipo de experiencias nos interesan.

Quizá esa sea una de las mejores razones para probar el buceo durante unas vacaciones. Lanzarote ya ofrece muchísimo que descubrir desde tierra, pero entrar en el océano nos permite añadir otra perspectiva completamente diferente al viaje. Podemos llegar pensando únicamente en hacer algo distinto durante unas horas y marcharnos habiendo descubierto una actividad que queramos repetir durante años. Y aunque finalmente decidamos que una inmersión ha sido suficiente, probablemente nunca volvamos a mirar el mar exactamente de la misma manera.

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